Epístola a Emiliana

I
Cada vez que te vi desnuda me contrariaba, sudaba todo en mí, hasta mis ideas sobre algún remoto instante pasado entre tú y yo; y no queriendo volver a verte aquí vengo de nueva cuenta a decirte hermosa. A decirte bella y a pretender enfundarme en tu cuerpo. Ya soy más hombre, y más ateo, y más incrédulo de mí también; por que sólo tengo en mis bolsillos aquella pipa gris que me regalaste luego de escondernos entre las hierbas. Y no guardo más de lo que pueda servirme en mi presente, por que del futuro, vida mía, me revolví.

II
Desnuda en mi mente cuando estás vestida; desnuda también cuando te desvistes; y desnuda siempre en mi cabeza. Quiero que aprendas Emiliana, a quererme como soy, y a ver tus ojos en el espejo, tan bellos y fulminantemente exóticos que pierdes a cualquier hombre, incluso ciego.
Y sudando vuelvo a decirte hermosa, bella y emperatriz; en este hombre que sacude ahora su cabeza entre el escombro del olvido y de lo nuestro; de lo que espero en estos días y de lo que estos días esperan de mí.

III
Tengo meses Emiliana; meses sin poder estrechar tu cuerpo, ni tus vestidos, ni tu sombra en mi abdomen… Ya no sé Emiliana, si te necesito aquí o te devuelvo la libertad, si maldigo este instante en que te necesito tanto y sí me esquivo otra vez como cuando nos perdíamos… Estoy aquí para decirte hermosa, y decirte que soy un hombre escaso de mujeres como tú, olvidado por el mundo en este extraño espacio, y que tengo rabia en mis sentidos. Ya no tengo olfato, perdí las manos, frustré mi gusto. Y a veces oigo que silbas en mis ojos muertos e imagino que quieres penetrarme el corazón. Y si estoy aquí no es por nada más que por ti, con mi pipa gris, tu pipa. Mis bolsillos enteros de nada, llenos de alguien que no eres tú. Te necesito tanto.

IV
Y ahora que te digo lo poco que puedo articular, me escapo, mi vida, me voy de tus placeres para seguir en los míos, para enfundarme como alguna vez lo hice contigo, en mi memoria. Y hacerte el amor repentinamente en el aire, en la noche y entre la añoranza de verte desnuda. Emiliana hermosa, mi hoguera. Te dejo esta vez a ti, a toda tú que me revuelves, me angustia y me pierdes. A ti que te extraño y te sueño casi, casi diario Emiliana. A ti que profundamente toqué tu alma, entera, para fundirla con la mía.

V
Quiero que aprendas Emiliana, a quererme como soy, y a que me olvides cuando te plazca, por que yo mi vida, no lo haré de ti.

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Nell dice:

    Hermoso, como todo lo de ti.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s