Un día el dolor terminará cediendo

Quería llamarle semi Dios, pero ni eso me salía de la boca; estaba como sellada, arrebatada en el silencio y nadie podría destrabarla.

Se nos acercó la noche, andante en el tumulto callejero de la desnudez, estaba frío, sobre tu cuerpo, hasta que caliente te escurriste entre mis piernas. Y así tocaste mi alma.

Lo hiciste tan profundamente que aún te siento dentro, hondo como tu aliento en mi aliento.

Fuerte como tus brazos desatando los míos.

En mi boca solo quedó tu rastro. En mi cuerpo quedaste entero.

Hundiste tu fuego.

Quería llamarle caballero, pero precipité.

Tengo tu piel por fuera y por dentro.

Cierto y profundo. Calo y certero.

Siento el desliz y el terciopelo.

Entre grandes distancias te tengo,

Cortas mareas, en las aguas,

Y te consumes en tiempos y movimientos,

Sediento y lleno. Como yo.

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