Premura

Premura

“Habíamos girado como dos locos por toda la ciudad, tú al volante de mi vida y yo como un pedal que te absorbía […] Cómo no encender las luces si las calles estaban plenas, listas y únicas para nosotros. Cómo no aferrarse a una carrera de la que ya éramos parte del final”

No hubo frío, ni humo, ni prolongación a la premura. Estábamos endeudados con la libertad que nos merecíamos hace años. El ruido cesó en nuestra mente y, al contrario, se esparció fuera de nuestro cuerpo por las aceras. Invadió incluso las paredes. Ahí estabas otra vez, acelerando mis piernas.

“Contamos un par de latidos cada uno. Giramos dos, tres, cuatro cuadras en sentido contrario. Nadie nos paro, nada se detuvo; el aire era nuestro prisionero por fin. Gemí un poco de placer, tú te vaciaste en regocijo. Fue nuestro acto más entero”

No hubo sospechas, ni rastros de la ilegalidad de la que alguna vez huimos. Puse al volante tu mejilla y me toqué los ojos. Estaban abiertos en plena oscuridad. Te pude ver sin esa luz que imploré todas las mañanas. No hizo falta redimir mis deseos. Te tenía junto a mí.

“No hubo reversas, las carcajadas sin premura nos conducían por esa ciudad, tú ciudad. Pedí un deseo mientras tomabas el volante. Pediste el tuyo mientras tocabas el claxon. Nunca más fuimos los de antes. Cómo no aferrarse a una carrera de la que ya éramos parte del final”

 

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